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"Mi trabajo son tus derechos"

A 43 años del asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero

A 43 años del asesinato de Monseñor Óscar Arnulfo Romero

El 24 de marzo de 1980, Monseñor Romero fue asesinado por un francotirador mientras oficiaba una misa en el hospital “La Divina Providencia” de la capital San Salvador. Tenía 62 años y había denunciado el accionar de los grupos paramilitares en su país. “El Pastor tiene que estar donde está el sufrimiento”, decía siempre en sus misas.

Momento en que Romero es asesinado en plena misa

Óscar Arnulfo Romero estaba a cargo de la diócesis de la capital salvadoreña desde 1977. En sus misas y accionar cotidiano venía denunciando a los grupos paramilitares. Y no se lo perdonaron. Un día como hoy, hace 43 años, recibía una bala en el medio de su pecho.

Recién en 2011 se divulgó el nombre del asesino: Marino Samayor Acosta, un subsargento que dijo haber recibido la orden de Roberto D´Aubuisson, el creador de los escuadrones de la muerte y fundador de la Alianza Republicana Nacionalista (Arena). Romero fue beatificado en 2015 y canonizado en 2018.

Hoy será recordado en distintos puntos del país y también se realizarán ofrendas allí en su mausoleo, donde yacen sus restos. En su última visita a El Salvador, el presidente de la CLATE, Julio Fuentes, visitó el lugar donde permanecen los restos de Monseñor Romero y dejó una ofrenda en nombre de las y los trabajadores del Sector Público de toda Latinoamérica y el Caribe. “Siempre estuvo junto a su pueblo, junto a los trabajadores, y por eso será recordado cada año y acompaña nuestras luchas cotidianas”, expresó el dirigente.

Julio Fuentes visitó el mausoleo en febrero de 2023

“No es pecado organizarse”

Esto dijo Monseñor Romero en su homilía del 16 de septiembre de 1979: “El derecho de organización nadie lo puede violar. La represión que quiere deshacer a los grupos organizados hace muy mal, porque la organización es un derecho humano que nadie lo puede violar. Las reivindicaciones que esas organizaciones piden cuando son justas, hay que oírlas. Organizarse es un derecho y en ciertos momentos como el de hoy, es también un deber. Porque las reivindicaciones sociales y políticas tienen que ser no de hombres aislados sino la fuerza de un pueblo que clama unido por sus justos derechos. El pecado no es organizarse. El pecado es para un cristiano perder la perspectiva de Dios”.

Aquí, su última homilía en la Catedral:

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