El 28 de febrero de 2026 el ejército de Israel, junto a los Estados Unidos, lanzaron una serie de ataques contra Irán en los que murió el líder supremo iraní, Alí Jamenei y buena parte de la dirigencia de ese país. El ataque se produjo en plenas negociaciones y cuando se había declarado públicamente que se habían producido avances. El conflicto continúa y la respuesta del Gobierno persa incluyó ataques a bases militares y activos estadounidenses en otros países de la Región. Las raíces del conflicto en Medio Oriente y el rol de otras potencias como Rusia y China en esta escalada bélica mundial.
Por Gabriel Merino*
Lo primero que debemos recordar es que este conflicto con Irán comenzó en el año 2018, con el primer gobierno de Donald Trump, cuando unilateralmente Estados Unidos resolvió romper el pacto nuclear que el país había firmado junto a China, Rusia, Francia, Alemania y Reino Unido.
En ese pacto, Irán había aceptado la supervisión de su plan nuclear con fines civiles y hasta ese momento los monitoreos venían funcionando bien. De hecho, la autoridad internacional con competencia en el desarrollo de la actividad nuclear no había detectado ninguna irregularidad en ese país, tantas veces señalado por Estados Unidos e Israel como responsable de enriquecer uranio con fines bélicos.

Por lo tanto, la decisión de romper unilateralmente con ese pacto, imponer una guerra económica de alta intensidad y comenzar una escalada que llega hasta hoy –siendo foco central de la Guerra Mundial Híbrida en curso— tiene otras razones. El problema no es si Irán acuerda o no acuerda con las potencias sobre su plan nuclear. Esa no es la discusión. En todo caso, se trata de entender lo que sucede en Medio Oriente y lo que está en juego en este tiempo.
El problema no es si Irán acuerda o no acuerda con las potencias sobre su plan nuclear. Esa no es la discusión. En todo caso, se trata de entender lo que sucede en Medio Oriente y lo que está en juego en este tiempo.
Uno de los objetivos fundamentales de esta guerra es apoyar el desarrollo del llamado Gran Israel, en consonancia con el sionismo más fundamentalista que articula a las fuerzas que expresa Benjamín Netanyahu con los halcones neoconservadores estadounidenses y británicos que buscan reforzar y expandir la “fortaleza” del Occidente geopolítico en esa región crucial en la lucha de poder mundial, tanto por su riqueza hidrocarburífera como por su lugar geográfico central en Afro-Eurasia. En este sentido, el horizonte estratégico es que el dominio militar de Estados Unidos e Israel en el llamado Medio Oriente sea total y sin grandes rivales. Y allí aparece Irán como enemigo principal, ya que desafía ese dominio.

En otras palabras, por un lado, Estados Unidos quiere recuperar el control sobre Medio Oriente y sus recursos naturales, clave para condicionar a los países importadores como China, India, Japón y los europeos, como también para frenar un proceso de desdolarización del sistema mundial. Israel, por su parte, quiere ser erigido como el gran poder hegemónico la Región, llevar adelante el proyecto de Gran Israel (que en principio sería terminar de conquistar los territorios Palestinos de Gaza y Cisjordania) y no tener ningún país considerado rival.
En este sentido, el horizonte estratégico es que el dominio militar de Estados Unidos e Israel en el llamado Medio Oriente sea total y sin grandes rivales. Y allí aparece Irán como enemigo principal, ya que desafía ese dominio.
Aquí es donde debemos recordar lo que sucede con Rusia y China. En Medio Oriente se vienen produciendo cambios geopolíticos trascendentales, que se articulan con un proceso global: el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Irán y Arabia Saudita auspiciado por China en 2023, el ingreso de cuatro países de la región como miembros del BRICS+ (Arabia Saudita, Irán, Emiratos Árabes Unidos y Egipto), el fortalecimiento de la OPEP+ que reúne a los países exportadores de petróleo más Rusia, junto con el retorno de la influencia de Moscú en la región. Irán, además, es un socio reciente de la Organización para la Cooperación de Shanghái impulsada por Rusia y China desde 2001.

La presión sobre el gobierno de Israel por parte de varios de los viejos y los nuevos miembros del Brics+ resulta clara: China promueve la idea de dar a Palestina un asiento en la ONU para fortalecer su proyecto estatal, y es apoyada por Arabia Saudita, o la presentación de Sudáfrica ante la Corte Internacional de Justicia acusando a Israel de conducta genocida. También Egipto, que plantea la posibilidad de romper los acuerdos de Camp David de 1978. Y la influencia comercial de China en toda la región, que es cada vez mayor.
Es necesario ampliar el prisma para entender la situación general en «Medio Oriente». Por lo que se señaló, el problema para EE.UU. y el Occidente geopolítico (que incluye a Israel) no es sólo Irán. El problema es cómo se está reequilibrando esa región central de Afro-Eurasia en términos políticos y estratégicos. Lo pongo en palabras de Jon B. Alterman, vicepresidente del influyente think thank estadounidense CSIS, que en 2024 escribía: “Subestimamos hasta qué punto nuestros socios de Oriente Medio acogen con satisfacción la influencia china como un freno a lo que consideran excesos estadounidenses. Pretenden mantener sus fuertes lazos con nosotros y, al mismo tiempo, estrecharlos con China. El mensaje constante de China es que hacerlo es posible y deseable, y que deben socavar los esfuerzos de Estados Unidos por separarlos de China. En este proceso, China pretende alejar a la región de Estados Unidos y avanzar en el objetivo estratégico chino de un mundo más no-alineado en términos globales.”
El problema para EE.UU. y el Occidente geopolítico (que incluye a Israel) no es sólo Irán. El problema es cómo se está reequilibrando esa región central de Afro-Eurasia en términos políticos y estratégicos.
Es decir, China juega con todos. No sólo es un socio fundamental de Irán, sino también de todos los países del Golfo y prácticamente del conjunto de los países árabes, que son parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta, entre otras iniciativas con impulso desde Beijing. Arabia Saudita es el segundo abastecedor de petróleo a China, después de Rusia. Y ese comercio se hace cada vez más en la moneda china, el yuan.

Para entender el complejo panorama en Medio Oriente, es clave no unificar a los países árabes suníes. Quedó muy clara la intensa rivalidad entre Arabia Saudita (en sociedad con Turquía) y los Emiratos Árabes Unidos en Yemen, Sudán y el Cuerno de África. Irán intensifica los ataques a los Emiratos y otras monarquías del Golfo (golpeando sobre bases y activos estadounidenses) pero declara públicamente que no atacó instalaciones petroleras de Arabia Saudita, denunciando un ataque de falsa bandera. Aún en plena guerra, se mantienen los lazos diplomáticos entre Arabia Saudita e Irán, restablecidos bajo la mediación China en 2023, incluso a pesar del reciente ataque a la embajada de EE.UU. en Riad por parte del país persa.
La clave de esta guerra es su duración. Cuanto más tiempo Irán logre extender la guerra, regionalizarla e impactar sobre blancos estadounidenses e israelíes, más desgaste puede significar ello para Trump, Netanyahu y aliados.
En un escenario en que el conflicto parece írsele de las manos y que la respuesta de Irán a los ataques muestra importantes capacidades, Trump afirma que EEUU puede «librar guerras eternamente». Sin embargo, allí aparecen importantes debilidades. El malestar de la base nacionalista “MAGA” de Trump, que tenía como una de sus consignas fundamentales «terminar con las guerras eternas». Además, una de las vulnerabilidades de EE.UU., que señalan diferentes analistas militares estadounidenses, se relaciona con la posible escasez de municiones para una guerra prolongada.

La clave de esta guerra es su duración. Cuanto más tiempo Irán logre extender la guerra, regionalizarla e impactar sobre blancos estadounidenses e israelíes, más desgaste puede significar ello para Trump, Netanyahu y aliados. El cierre del estrecho de Ormuz es un golpe a la economía mundial, que cuanto más dure mayor será su efecto desestabilizador. Y el dato clave es que, al parecer, los barcos chinos no tendrían cerrado el estrecho.
*Asesor geopolítico e integrante del espacio político Mundo Sur de Argentina





