
Para Rodolfo Walsh, justo a los 90
Una carta, con motivo del 90 aniversario del natalicio del escritor, periodista y militante del peronismo revolucionario, asesinado por la dictadura militar argentina en 1977.

Una carta, con motivo del 90 aniversario del natalicio del escritor, periodista y militante del peronismo revolucionario, asesinado por la dictadura militar argentina en 1977.

¿De qué hablamos cuando decimos que es necesario defender la libertad de expresarnos y opinar en períodos de retroceso para nuestros pueblos? Sin duda, de poder atravesar con nuestras informaciones, denuncias y coberturas periodísticas el muro del mentiroso discurso oficial. Pero sobre todo, en ofrecerle la posibilidad de contar sus reclamos y repetidos dolores a quienes a diario son protagonistas de la escalada neoliberal que padece actualmente el país.

La actitud del gobierno sionista israelí supera todos los límites de un comportamiento impune. No sólo no ha respetado ni cumplido ninguna de las resoluciones de la ONU a lo largo de los años sino que ahora se atreve, con total impudicia, a levantar la apuesta y amenazar y sancionar a cada uno de los países que votaron en su contra al referirse a seguir construyendo más viviendas para los colonos en tierra palestina ocupada.

Hay hechos, imágenes, gestos que sirven a la perfección para graficar lo que significa la intolerancia, la bestialidad de ciertos individuos, incluido la buena dosis de fascismo que circula por sus venas. La Argentina actual está infectada de esas y otras lacras. Responden al tiempo político que ha caído como un golpe de maza sobre los hombros de sus habitantes. No alcanza con decir tarifazo, inflación que se desborda mes a mes, despidos al por mayor, destrucción de programas, instituciones y servicios comunitarios. Todo ello sazonado con protocolos represivos, detenciones arbitrarias, amenazas y otras enojosas variantes de ataque directo a los derechos de cada persona. Sí, se sabe que el capitalismo que hoy impera no puede andarse con sutilezas. Es transparente en su brutalidad. Y a partir de allí, proclama ser impune y no preocuparse por ello.

Con saña y alevosía, los países que componen lo que se ha dado en llamar la Triple Alianza (Argentina, Brasil y Paraguay) con la complicidad explícita (y vergonzosa del gobierno uruguayo de Tabaré Vázquez) llevaron adelante lo que se planificara en algún salón de la Casa Blanca, expulsando a Venezuela Bolivariana del Mercosur. Y lo han hecho sencillamente de la misma manera golpista que Horacio Cartes llegó a la presidencia en Paraguay y Michel «Fora» Temer se hizo con el gobierno brasileño. Esa es la nueva forma de actuar de la derecha regional, atropellando, conspirando día a día, generando campañas desinformativas, y por último, con la luz verde estadounidense ejecutando una decisión que desde todo punto de vista es ilegal.

Desde la ciudad peruana de Cuzco, donde la cultura Inca fue subyugada por los españoles, viendo como el mundo lleva inexorablemente a una medida diferente de la historia. Y ante la imposibilidad de escribir un análisis completo, van algunas observaciones dispersas. Pero antes es necesario hacer una introducción. En cualquier país del mundo, Hillary Clinton habría ganado la elección tras haber obtenido el mayor número de votos. Sin embargo, Estados Unidos no tiene una Constitución democrática. Y es que mientras que los estadounidenses se consideran a sí mismos la única democracia en el mundo (George W. Bush, discurso al Congreso en su toma de posesión), cabe señalar que la Constitución de Estados Unidos es un vestigio del pasado. Vea por qué

Se impuso la transparencia de la brutalidad republicana» contra la hipocresía letal de los demócratas. La topadora Trump, ese camión gigantesco y sin frenos que parece arrollar todo a su paso, pudo más que la tilinguería soez y mentirosa de la señora Clinton. Indudablemente el sistema sabe reciclarse: a veces lo hace en clave falsamente progresista, encandilando a espectadores (o votantes) desprevenidos, y otras, como en este caso, apela a un discurso cargado de exabruptos, en apariencia provocador, pero que está perfectamente calculado. Esta embestida, tan criminal como cualquiera, viene a proclamar que ya no es la hora del discurso políticamente correcto sino todo lo contrario, y eso casi aparece como un alivio, porque no hay nada peor que una máquina de matar que disfrace sus verdaderas intenciones debajo de una pátina de tolerancia , comprensión y falso pacifismo. Esa estrategia clintoniana que bajo la batuta de Bill descargó uranio empobrecido en varios continente, y en brazos de su esposa, festejó el asesinato de Gadaffi y la destrucción de Libia.

Campesinos Sin Tierra enfrentando a los paramilitares del latifundismo en la región de Paraná, la Escuela Florestan Fernándes (donde estos trabajadores rurales se forma y practican el internacionalismo solidario) atacada por policías paulistas arma en mano y disparando balas de plomo, una oleada de estudiantes ocupando miles de establecimientos y colegios, son algunas de las últimas postales de un Brasil convulso donde el neoliberalismo avanza decididamente para intentar destruir todos los lazos y prácticas colectivas.

El día en que en un futuro no muy cercano algún historiador se apreste a intentar describir lo que ha sido la última quincena de octubre en Venezuela, no dejará de asombrarse por la profusión de datos tendientes a demostrar la fragilidad en que parecía encontrarse el gobierno revolucionario. Todos los grupos de poder locales e internacionales apuntaban a la cabeza de un proceso que se ha ido convirtiendo en referencia ineludible a la hora de hablar de resistencia y lucha frontal contra el Imperio.

Al igual que Turquía, Arabia Saudi, Israel y la OTAN con respecto al derrocamiento del presidente sirio Bachar Al Assad, la oposición derechista venezolana no abandona su intención de voltear al gobierno de Nicolás Maduro. Una y otra vez practican juegos de guerra en un territorio al que les gustaría ver convertido en escombros como Aleppo o Homs.