57 aniversario

"Mi trabajo son tus derechos"

¡Hasta siempre, maestro!

¡Hasta siempre, maestro!

Falleció Eduardo Estévez Martin, dirigente sindical internacional por varias décadas, militante del movimiento de trabajadores y trabajadoras de toda la vida. Cuando empecé a verlo, a principios de los años 1980, sabía quién era, pero no lo trataba. Él era argentino, yo paraguayo, él ya era dirigente sindical y yo comenzaba a serlo. Éramos de sectores diferentes en el movimiento sindical internacional. Él estaba en la CLAT y en la CMT, yo en la CIOSL y la ORIT. Mucho después supe que él venía de la ATE (Asociación de Trabajadores del Estado).

Por Víctor Báez Mosqueira
Ex Secretario General CSA  / Ex Secretario General Adjunto CSI

La existencia de diferentes tendencias dentro del movimiento sindical internacional nunca había permitido un acercamiento personal con perspectivas. Nos encontrábamos en los eventos internacionales, a veces coincidiendo en las posiciones y otras debatiendo fuertemente. Nunca tuvimos una confrontación, él y yo, a nivel personal. Pero cuando empecé a tratarlo más de cerca comencé a lamentar no haber trabado amistad con él mucho antes.

Víctor Báez Mosqueira

Eso sólo ocurrió cuando la CIOSL y la CMT ya se habían unido, junto con otras centrales sindicales nacionales independientes, en noviembre de 2006, en Viena, para formar la Confederación Sindical Internacional (CSI). A partir de ahí, a las organizaciones regionales de las ex CIOSL y CMT, nos quedaba todo el año 2007 para fundar una sola regional de la nueva internacional.

Eduardo había llegado a ser Secretario GeneralAdjunto de Confederación Mundial del Trabajo (CMT) y colaboró de forma muy eficaz durante los debates políticos que llevaron a la disolución de la ORIT y la CLAT para que la Confederación Sindical de las Américas viera la luz, a fines de marzo de 2008.

No nos fue posible fundar la CSA, regional de la CSI para las Américas, en el año 2007, límite fijado por el Congreso Fundacional de la matriz mundial, porque el movimiento sindical de las Américas y el Caribe debatía a fondo cada tema. Eran discusiones apasionadas, debates acalorados. El espíritu unitario y conciliador de Eduardo Estévez obró entonces. Era un dirigente cerebral, que sopesaba las cosas, que hablaba muy tranquilamente, que siempre trataba de convencer. A quienes venían de su sector, su comportamiento les daba confianza, a nosotros nos daba tranquilidad.

Dejó la dirigencia sindical internacional desde el Congreso de Viena, pero nunca hizo pausa en la militancia activa por las causas del proletariado.Sea como asesor de alguna organización o como activista, siempre se lo veía en eventos internacionales, especialmente en las Conferencias de la OIT de cada año, apoyando a grupos con alguna reivindicación. Me contaron que, en la Conferencia del año pasado, habiendo pasado bastante la barrera de los ochenta años, estuvo nuevamente por Ginebra abogando por un Convenio Internacional que protegiera a trabajadores del sector público que denunciaran actos de corrupción en las reparticiones del Estado, pues, como se sabe, los llamados “whistleblowers” son las primeras víctimas de los poderosos corruptos que se sienten descubiertos. Esperemos que, en su homenaje y recuerdo, los sindicatos sigan insistiendo hasta conseguir esa protección que es esencial en la lucha contra la corrupción.

Hasta la semana pasada he estado recibiendo, de su parte, artículos publicados que él había leído y cuya lectura juzgaba recomendable para sus allegados.

Eduardo se quedó a vivir en Europa. Como hijo de gallego, era también ciudadano de la UE. El destino quiso que fuéramos vecinos en Ottignies, Bélgica. Ahí fui testigo cercano de su extraordinaria humildad y compromiso, cualidades que hoy mismo fueron resaltadas por una colega que vive en Ginebra, recordándolo.

Fui también testigo, junto con sindicalistas  del mundo y vecinos de Ottignies, de sus elevados sentimientos por los animales, especialmente por uno, el nunca bien ponderado perrito “Pitufo”, a quien él llevaba a todas partes en su coche, que tenía la costumbre de hacer agujeros en las chaquetas y pantalones de quienes subían al auto con Eduardo, sin que la víctima se diera cuenta. Por ello, “Pitufo” era el principal factor que nos disuadía de viajar con su amo. Aún así, era imposible convencer al hombre que dejara al cánido en la casa.

Eduardo se fue a vivir a Galicia, cerca de uno de sus hijos, en enero de 2020. Cuatro años después nos deja definitivamente, así como siempre fue él, con humildad. Un compañero de Galicia comentó que cinco días antes de su partida, se habían reunido y que Eduardo, se puso a hacer planes como si fuera a vivir doscientos años.

“Fue un sindicalista incansable”, dijo de él una compañera. “Un ser humano ejemplar”, agrego yo.

Hasta siempre, Eduardo Estévez, trabajador argentino, gallego y del mundo, maestro de generaciones.

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